martes, abril 07, 2015

La que se hizo Gloriosa

Les voy a contar una historia. Prepárense, porque es complicada y difícil. No es una de esas historias donde todo es color de rosa, fueron felices y gastaron a todo el mundo por sus derrotas. Una historia de amor, valor y dolor; de mucha tristeza, sonrisas y llantos. Es la historia de una hinchada, que se hizo gloriosa por la eternidad.
Tenía un estadio. Un estadio precioso, alzado en andas por la gente cada partido; glorificado por todos sus hinchas. Un estadio en Avenida La Plata, donde rebalsaban de amor las tribunas, los gritos en las gargantas, lágrimas de los ojos y fútbol de los poros de todas las almas que lo llenaban. Pero un día, ese estadio ya no estuvo. Fue arrebatado a esos hinchas de manera cruel, por un gobierno nefasto. Reclamaron, más nadie escuchó. Allí quedó el primer corazón de la hinchada, sin cantos ni gritos; en aquella avenida que ahora es viuda. Extraña los ecos de las voces en las calles.
Nada fue fácil. El descenso llegó, pero no se rindieron por eso. Las mismas almas coparon todos los estadios a los que iban alentando a sus jugadores hasta desgarrárseles la garganta por los aullidos. Papeles al viento; amores sin fin. A donde sea que el equipo fuera, ellos estaban; presentes y firmes. Y cuando ascendieron, cuando parecía que todo volvería a ser como antes; que ya la tristeza no volvería a acechar sus pagos, llegó el día.
El 30 de Noviembre de un 2000. Más conocido entre ellos como el día en que no se tiene ni se va a tener “ni olvido ni perdón” Intentaron gerenciar al club. Aquello los cansó, y entre banderas flameantes, cánticos y camisetas; salieron a defender esos colores que tanto amaban. La represión no tardó en llegar, atacando a una marcha pacífica impulsada únicamente por el amor. Pero hay cosas que la gente no entiende. Como por ejemplo, el amor. Aquel día, la hinchada se hizo gloriosa.
El club, finalmente, no fue gerenciado. No sin antes tres represiones en tres marchas pacíficas. Se construyó el segundo estadio, donde nuevamente se siguen escuchando los antiguos cánticos del estadio que fue arrebatado. De gradas inmensas, gloriosos colores exhibidos en la bandera que cuelga debajo de la argentina. La cancha se siguió extrañando y la pobre viuda La Plata se quedó sin corazón. La gente con las lágrimas y los recuerdos; la avenida sin su juego y su razón.
La leyenda se inmortalizó. Quien diga que no es cierto que es la más fiel e ingeniosa, está en un error. Esa misma gente bancó el descenso, el dolor por la cancha arrebatada, las sonrisas por la nueva (aunque sin olvidar, porque la memoria no se pierde) y las gastadas de los otros; las canciones copiadas. La que cada partido parece que estuviera alentando en una final; con tales gritos y saltos que pega parece que vuela el estadio. La que siguió a sus jugadores a todos lados y sin importarle si tenían que ir hasta la Luna. Porque fueron, van e irían. Solo por amor.

Les conté la historia de una hinchada que sabe ser fiel y amar en las buenas y en las malas. Les conté una historia difícil, advirtiéndoselos. De nada sirve, porque estoy llorando como la primera vez que la escuché de los labios de un hincha. Esta hinchada... fue, es y será la que se hizo Gloriosa por la eternidad.


Estos textos están protegidos por derechos de autor. Autora María Sol Hernandez

No hay comentarios:

Publicar un comentario